Tiempo de Lectura: 3 minutos


Actualmente estoy re-leyendo la Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino (y tomando café). Estos escritos fueron la sistematización de la doctrina reformada. En ellos podemos encontrar la exposición de verdades bíblicas indispensables para todo creyente. El texto es el de Biblioteca Reformada, lo que está en negritas y comentarios en [rojo] es mi interacción con la lectura.


Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino, Capitulo 1: EL CONOCIMIENTO DE DIOS Y EL DE NOSOTROS SE RELACIONAN ENTRE SÍ. MANERA EN QUE CONVIENEN MUTUAMENTE

3. Ejemplos de la Sagrada Escritura

De aquí procede aquel horror y espanto con el que, según dice muchas veces la Escritura, los santos han sido afligidos y abatidos siempre que sentían la presencia de Dios [Una de las actitudes más ausentes entre los creyentes: horror y espanto, es decir, temor reverente a Dios]. Porque vemos que cuando Dios estaba alejado de ellos, se sentían fuertes y valientes; pero en cuando Dios mostraba su gloria, temblaban y temían, como si se sintiesen desvanecer y morir [Qué interesante es este acercamiento y además evidente. Muchas personas lejos de Cristo aparentan fuerza y valentía, pero conforme nos acercamos a Él una humildad sana comienza a notarse].

De aquí se debe concluir que el hombre nunca siente de veras su bajeza hasta que se ve frente a la majestad de Dios [Ver nuestra bajeza es tan contra intuitivo a nuestro mundo. Siempre se habla de la sana autoestima. Pero el autoestima es como meter los pies en una cubeta y luego tratar de levantarla con las manos. Ver nuestra bajeza también es doloroso. No nos gusta reconocer nuestra pequeñez e insignificancia. Y Ver nuestra bajeza es lo mejor que le puede pasar a una persona, porque cuando esto sucede pondremos nuestros ojos en la majestad de Dios y viviremos eternamente]. Muchos ejemplos tenemos de este desvanecimiento y terror en el libro de los Jueces y en los de los profetas, de modo que esta manera de hablar era muy frecuente en el pueblo de Dios: “Moriremos porque vimos al Señor (Jue.13, 22; Is. 6, 5; Ez. 1, 28 y 3, 14 y otros lugares). Y así la historia de Job, para humillar a los hombres con la propia conciencia de su locura, impotencia e impureza, aduce siempre como principal argumento, la descripción de la sabiduría y potencia y pureza de Dios; y esto no sin motivo. Porque vemos cómo Abraham, cuanto más llegó a contemplar la gloria de Dios, tanto mejor se reconoció a sí mismo como tierra y polvo (Gn.18, 27); y cómo Elías escondió su cara no pudiendo soportar su contemplación (1 Re. 19, 13); tanto era el espanto que los santos sentían con su presencia. ¿Y qué hará el hombre, que no es más que podredumbre y hediondez, cuando los mismos querubines se ven obligados a cubrir su cara por el espanto? (Is. 6, 2). Por esto el profeta Isaías dice que ‘el sol se avergonzará y la luna se confundirá, cuando reinare el Señor de los Ejércitos (Is.24,23 y 2, 10. 19) ; es decir, al mostrar su claridad y al hacerla resplandecer más de cerca, lo más claro del mundo quedará, en comparación con ella, en tinieblas.

Por tanto, aunque entre el conocimiento de Dios y de nosotros mismos haya una gran unión y relación, el orden para la recta enseñanza requiere que tratemos primero del conocimiento que de Dios debemos tener, y luego del que debemos tener de nosotros [¡Todo comienza con Él y termina con Él!].


¡Gracias por leer!

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