Tiempo de Lectura: 4  minutos


Actualmente estoy re-leyendo la Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino (y tomando café). Estos escritos fueron la sistematización de la doctrina reformada. En ellos podemos encontrar la exposición de verdades bíblicas indispensables para todo creyente. El texto es el de Biblioteca Reformada, lo subrayado y comentarios en [rojo] es mi interacción con la lectura.


Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino, Capitulo 1: EL CONOCIMIENTO DE DIOS Y EL DE NOSOTROS SE RELACIONAN ENTRE SÍ. MANERA EN QUE CONVIENEN MUTUAMENTE

1. Relación de estos dos conocimientos

Casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de veras se deba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el conocimiento que debe tener de sí mismo.  [Un ser humano puede conocerse, en su más básico ser, cuando responde a las preguntas quién es Dios y quién es él mismo]

Mas como estos dos conocimientos están muy unidos y enlazados entre sí, no es cosa fácil distinguir cuál precede y origina al otro, pues en primer lugar, nadie se puede contemplar a sí mismo  sin que al momento se sienta impulsado a la consideración de Dios, en el cual vive y se mueve; porque no hay quien dude que los dones, en los que toda nuestra dignidad consiste, no sean en manera alguna nuestros. Y aún más el mismo, ser que tenemos y lo que somos no consiste en otra cosa sino en subsistir y estar apoyados en Dios. Además, estos bienes, que como gota a gota descienden sobre nosotros del cielo, nos encaminan como de arroyuelos a la fuente. Así mismo, por nuestra pobreza se muestra todavía mejor aquella inmensidad de bienes, que en Dios reside; y principalmente esta miserable caída, en que por la transgresión del hombre caímos, nos obliga a levantar los ojos arriba [Me recuerda a C. S. Lewis hablando del orgullo en Mero Cristianismo. Él explica que el orgulloso no puede conocer a Dios, porque él siempre está viendo a todos hacia abajo, mientras que para conocer a Dios es necesario ver hacia arriba] , no solo para que, ayunos y hambrientos, pidamos de allí lo que nos haga falta, sino también para que, despertados por el miedo, aprendamos humildad [¡Wow! Hay temores que producen humildad en nosotros. Me hace pensar en la escena de Marcos 4:35-41, Jesús y sus discípulos temerosos en la tormenta. El temor inicial era a la tormenta, el temor final era a Dios encarnado]. Porque como en el hombre se halla todo, un mundo  de miserias, después de haber sido despojados de los dones del cielo, nuestra desnudez, para grande vergüenza nuestra, descubre una infinidad de oprobios; y por otra parte no puede por menos que ser tocado cada cual de la conciencia de su propia, desventura, para poder, por lo menos, alcanzar algún conocimiento de Dios [Si la conciencia de mi pobre condición me ayudará a alcanzar algún conocimiento de Dios, es preferible sufrir la realidad que vivir en una ilusión].

Así, por el sentimiento de nuestra ignorancia, vanidad, pobreza, enfermedad, y finalmente perversidad y corrupción propia, reconocemos que en ninguna otra parte, sino en Dios, hay verdadera sabiduría, firme virtud, perfecta abundancia de todos los bienes y pureza de justicia; por lo cual, ciertamente, nos vemos impulsados por nuestra miseria a considerar los tesoros que hay en Dios[¡Bum! Frase digna de compartir]Y no podemos de veras tender a Él, antes de comenzar a sentir descontento de nosotros (¡!). Porque ¿qué hombre hay que no, sienta contento descansando en sí mismo? [Hoy, ¡muchos!] ¿Y quién no descansa en sí mientras no se conoce a sí mismo, es decir, cuando está contenta con los dones que ve en sí, ignorando su miseria y olvidándola? [Tristemente esa es la función de la sobrecarga de entretenimiento en el que vivimos. Gracias a este mundo saturado de distracciones, podríamos pasar toda una vida sin llegar a conocernos a nosotros mismos. No digamos a otros seres humanos, o a Dios] Por lo cual el conocimiento de nosotros mismos, no solamente nos aguijonea para que busquemos a Dios, sino que nos lleva como  de la mano para que lo  hallemos. 

El gran problema del ser humano actual, es que desconoce su verdadera condición. Tenemos un espejo cultural que nos lleva a pensar que somos lo mejor que le pudo suceder a éste universo. Somos buenos, fuertes, capaces, autosuficientes, sabios, y justos. No nos vemos con claridad.

Vemos con mayor claridad a los demás. Vemos sus errores y problemas, inclusive cuando pensamos en nosotros como sociedad y humanidad, reconocemos una serie de problemas graves. Pero cuando nos vemos como individuos, no somos capaces de relacionar que los problemas comunitarios tienen relación con los individuos que lo componen, incluyéndome a mí. Siempre tendemos a desligarnos del problema, solución y responsabilidad. 

A final de cuentas, nuestro problema es un orgullo tan grande que nos hace pensar poco de Dios.


¡Gracias por leer!

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