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Enfermedades y dolores

El mundo en el que vivimos está lleno de dolor. Las injusticias, enfermedades y todo tipo de sufrimiento son algo cotidiano. Pero hay buenas noticias: Dios sana.

El sufrimiento existe por causa del pecado. Pero Cristo tomó nuestro dolor en la cruz. Ahora suceden dos cosas. Primero, cuando sufrimos nos parecemos a Cristo. Y segundo, nuestra enfermedad no es eterna. Un día Cristo pondrá fin a toda clase de mal.


La enfermedad es una consecuencia de la entrada del pecado en el mundo. Dios no causa la enfermedad, no la aprueba, pero si la permite y la gobierna. El dolor que atraviesas no es un accidente, Cristo esta utilizándolo para hacer de ti algo que, de otra manera, jamás hubieras alcanzado. Dios está aún en medio de la enfermedad.


Cristo sana

Al entrar Jesús en Capernaúm, se le acercó un centurión pidiendo ayuda.

—Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente.

—Iré a sanarlo —respondió Jesús.

—Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.

10 Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían:

—Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe. 11 Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. 12 Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.

13 Luego Jesús le dijo al centurión:

—¡Ve! Todo se hará tal como creíste.

Y en esa misma hora aquel siervo quedó sano.

Un centurión era una persona con poder y autoridad. Su acercamiento a Jesús es algo extraño: un gentil, y comandante militar, se acerca a un judío rabí suplicando sanidad para su siervo. Esto requirió mucha desesperación y humildad para el centurión.

Pero la comprensión éste personaje era aún mayor. Él entendía que Jesús tenía una clase de autoridad divina. Percibe a Jesús como un superior capaz de simplemente dar la orden de sanidad.

Jesús se asombra de ver tanta fe. Mientras que algunos judíos luchan con reconocerlo como el Mesías, aquí hay un romano reconociendo la autoridad de Jesús

Cristo sana.


La principal enfermedad en tu vida no es la física, sino la espiritual. Dios está más interesado en sanarte eternamente aún a costa del dolor físico, que en curarte físicamente a costa de morir eternamente. Cristo sana del pecado.


Cristo sufre

14 Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. 15 Le tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a servirle.

16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y con una sola palabra expulsó a los espíritus, y sanó a todos los enfermos.

17 Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías:

«Él cargó con nuestras enfermedades

    y soportó nuestros dolores.»

Jesús sanó muchos enfermos con su Palabra, desde la suegra de Pedro hasta la multitud que se reunía a su alrededor. Así de poderosa es la voz de Jesús. Cuando la creación oye la voz de su Creador, obedece.

Jesús sanó con su Palabra, para que se cumpliera lo que Isaías había dicho (Isaías 53:4). Esta profecía implicaba que el Mesías sufriría para traer sanidad espiritual a su Pueblo.

Hay una enfermedad más grande que la física, la espiritual, es decir el pecado. Éste puede matar y destruir la vida de una persona desde hoy hasta la eternidad. Esta es un enfermedad silenciosa dentro de cada uno de nosotros que sólo puede tener alivio en Cristo.

En muchos casos Jesús permite el sufrimiento temporal, para llevarnos a evitar el dolor eterno.

Jesús trató la enfermedad física con su palabra, pero para sanar el corazón pecador fue necesaria la cruz. En ella, Él tomó nuestro pecado y lo destruyó. Jesús sufrió para que nosotros fuéramos sanados.

Ven a Cristo y encontrarás sanidad verdadera.

¿Dónde está Dios en medio del sufrimiento? En la cruz. Él conoce perfectamente el dolor del cuerpo agonizante. Cristo no es indiferente al sufrimiento, Él mismo atravesó por el dolor para llegar a la gloria. Ahora, podemos seguir sus pasos y sufrir para llegar a Él.


¡Gracias por leer!

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