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El Reino Manifiesto (10a parte)

Todos tenemos un rey en nuestro corazón al cual servimos. Sometemos nuestra vida a aquello que amamos y en lo cual colocamos nuestra esperanza. Permitimos que el romance, éxito profesional, riqueza material o reputación social reine sobre nuestras vidas. Tristemente, todo rey que no sea Dios gobernará para destruirnos.

Jesús es el verdadero Rey. Él impera para dar vida con Palabras de verdad, Autoridad divina y Actos de misericordia.

Palabras del Reino

24 »Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. 26 Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. 27 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.»

Mateo 7:24-27

Jesús termina su discurso sobre el Reino (Sermón del Monte) con una ilustración sobre los cimientos de una casa. La casa es tu vida, los cimientos son tus convicciones básicas, y la tormenta son adversidades.

El sabio es aquel que oye las palabras del Evangelio del Reino y lo cree. Jesús no asegura la ausencia de adversidades, al contrario, nos advierte de ellas. Lo que Cristo nos garantiza es que sus Palabras son capaces de mantenernos firmes.

Por otro lado el insensato es aquel que oyendo del Reino, no cree y construye su vida sobre otro fundamento. La vida de esta persona puede parecer sólida cuando las circunstancias son favorables, pero la adversidad exhibe la fragilidad de sus cimientos cuando derrumban la casa.

Oir las Palabras del Reino y vivirlas es la clave para tener una vida firme.


Vivir conforme al Reino Manifiesto no es la puerta de entrada al cristianismo. No somos cristianos por obedecer. La gracia del Reino es la puerta de entrada, y la vida nueva del Reino es la consecuencia de dicha gracia en mi vida. Somos ciudadanos del Reino por la gracia del Rey.


Autoridad del Reino

28 Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, las multitudes se asombraron de su enseñanza, 29 porque les enseñaba como quien tenía autoridad, y no como los maestros de la ley.

Mateo 7:28-29

Normalmente los maestros de la ley apoyaban sus enseñanzas en tradiciones rabínicas. Ellos no tenían autoridad en sí mismos, por lo cual buscaban alguna clase de respaldo en maestros respetados. Esta es la clase de enseñanza a la cual los oyentes de Jesús estaban acostumbrados.

Pero la instrucción de Jesús tiene un tipo de autoridad distinto. Cristo enseña con potestad porque Él mismo es el Rey. El asombro de la multitud venía de oir directamente al autor de la verdad, explicándola.

No es lo mismo oir la reseña de un libro de un aficionado, que tomar un café con el autor. Uno tiene autoridad en sí mismo, mientras que el otro no. Jesús tiene la Autoridad del Reino.


¿Cómo saber que la enseñanza cristiana es verdadera? Si Jesús es quien dijo ser, el Cristianismo propone algo radical: más que profetas y maestros, Dios mismo vino a mostrarnos la verdad sobre todo lo que existe. Si Jesús es quien dijo ser, el Rey en persona nos ha hablado directamente.


Actos del Reino

Cuando Jesús bajó de la ladera de la montaña, lo siguieron grandes multitudes. Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló delante de él.

—Señor, si quieres, puedes limpiarme —le dijo.

Jesús extendió la mano y tocó al hombre.

—Sí quiero —le dijo—. ¡Queda limpio!

Y al instante quedó sano de la lepra.

—Mira, no se lo digas a nadie —le dijo Jesús—; sólo ve, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que sirva de testimonio.

Mateo 8:1-4

El ministerio del Reino no está construido únicamente sobre palabras, sino también con actos de misericordia. Jesús enseñaba a multitudes, pero también las sanaba. Estos actos eran demostraciones visibles del Reino, los cuales evidenciaban la salvación que viene con Jesús.

Un hombre leproso, no sólo sufría fisicamente, también era rechazado socialmente. Su lepra le impedia disfrutar de la vida, amistad, familia y sociedad. Él lguien considerado públicamente impuro, en pocas palabras era un paria.

Jesús manifiesta la salvación y sanidad del Reino al sanarlo. Jesús toca al intocable, sanándolo físicamente, pero también social y espiritualmente. El Reino se hace visible en Jesús.


El ministerio del Reino es integral. Algunas doctrinas se enfocan en la teoría, otras sólo en la práctica. Palabras sin actos, son simple especulación. Actos sin palabras, es mero pragmatismo sin sentido. Pero el Cristianismo es la asombrosa combinación de Palabras y Actos. El Evangelio del Reino es un mensaje que transforma la vida diaria. 


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