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El Reino Manifiesto (9a parte)

En un mundo donde la verdad es relativa y todas las religiones llevan a Dios, el cristianismo propone que la verdad es absoluta y sólo hay un camino correcto: Cristo. Esto puede sonar radical e inclusive repulsivo al oído posmoderno, pero si le dedicamos un poco de pensamiento, tiene todo sentido.

Decir que la verdad es relativa es insostenible y contradictorio. Si es cierto que “toda verdad es relativa”, esta misma aseveración debería ser relativa y por lo tanto daría lugar a verdades absolutas. En realidad, cuando alguien dice “toda verdad es relativa” quiere de decir: “toda verdad es relativa, excepto ésta”.

Para muchos, que el cristianismo predique que sólo hay un camino es pretencioso. Entonces proponen que Dios es como un elefante descrito por muchos ciegos. Uno toca una pata, y dice que Dios es como un tronco. Otro toca la oreja, y describe la deidad como una tela gruesa. Para el que se encuentra en la trompa diría que Dios es como una manguera.

El problema de esta ilustración es que es más presuntuoso que todos los ciegos. Porque para darse cuenta de esto, el que habla debe poder ver. Entonces cuando se dice “tú eres pretencioso al decir que Dios es de una forma y no de otra”, se está siendo más ostentoso que todas las posturas religiosas.

Jesús advierte a sus seguidores que hay una puerta correcta y una incorrecta, profetas verdaderos y otros falsos, y una fe que salva y otra que no lo hace. Para Jesús hay cuestiones que son blancas o negras.

La Puerta Equivocada

13 »Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. 14 Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran.

Mateo 7:13-14

Desde la perspectiva cristiana no existen muchos caminos, sólo dos: uno correcto, que lleva a la vida, y otro equivocado, compuesto por el resto de las opciones, que lleva a muerte. La puerta que tomes tendrá consecuencias presentes y eternas.

Jesús explica que la puerta equivocada tiene mayor capacidad de admitir a más personas. La puerta correcta siempre será menos popular y con una cantidad menor de individuos.


Comúnmente este tipo de discurso es tomado como odio e intolerancia. Pero si esto es cierto, y hay una puerta equivocada y una correcta con implicaciones eternas, advertir sobre este peligro no es cuestión de odio e intolerancia, sino de amor sincero y honesta preocupación. Si lo que Jesús dice es verdad, las palabras más duras son expresiones de amor verdadero.


Los Profetas Equivocados

15 »Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. 16 Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? 17 Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. 18 Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. 19 Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. 20 Así que por sus frutos los conocerán.

Mateo 7:15-20

Los falsos profetas existen, Jesús lo está asegurando y nos advierte de ellos. Éstos tienen dos características: son falsos y están disfrazados. La falsedad de los profetas consiste en que su enseñanza radica en mentiras. Su predicación y profecía no provienen de Dios, sino de su propia humanidad y deseos pecaminosos.

Por otro lado, estas personas falsas se disfrazan de piedad pero sus intenciones son destructivas. Un falso maestro nunca mostrará su verdadera cara, y aquí está lo peligroso: son engañosos.

¿Cómo puedes detectar a un falso maestro? Por sus frutos, es decir, el producto de su ministerio no es vida, salvación y santificación.


El colmo de nuestro tiempo es que, aún cuando siempre habrán falsos maestros, hoy hay una constante actitud de increíble tolerancia al error y la falsedad. Hoy se juzga a aquel que señala el error, en lugar de aquel al que lo predica. La advertencia de Jesús es muy pertinente para el cristianismo de hoy.


La Fe Equivocada

21 »No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. 22 Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” 23 Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!”

Mateo 7:21-23

Por último, Jesús advierte de una falsa confianza de algunas personas. Cristo advierte que estas personas tienen conocimiento correcto, se refieren a Jesús de la manera adecuada (“Señor, Señor”), pero su confianza era incorrecta pues se encontraba en sus propias obras.

Estas personas confiaban en sus acciones milagrosas para ser aceptados por Cristo, en lugar de colocar su esperanza en el milagro de la encarnación, muerte y resurrección de Jesús. Por eso oyen de los labios del Maestro: “Jamás los conocí […] hacedores de maldad!”


Congregarse, orar, leer la Biblia, servir y demás actos promovidos por la iglesia son actos beneficiosos pero no salvan. Si tu los haces pensando que con esto ganaras el cielo, estás equivocado  y escucharás estas temibles palabras de Cristo. Tu confianza no puede estar en tus actos, sino en el de Jesús: la Cruz.


¡Gracias por leer!

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