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El Reino Manifiesto (7a parte)

El Reino de Dios no sólo es espiritual, también es material. El Evangelio transforma nuestra actitud hacia la riqueza material.

Sin Cristo, lo material se convierte en un dios falso o en un demonio. La gran mayoría de las personas colocan su confianza en la riqueza económica. Otros lo ven como el problema humano, sin el cual viviríamos de una mejor manera. Pero en el Reino, lo material no es un dios ni un demonio, sino un instrumento de bendición.

En el Evangelio se nos ofrece un mejor tesoro, perspectiva, Señor y prioridad.


Nuestra actitud al dinero es un buen termómetro para nuestra condición espiritual. Con ella podemos tener un diagnostico más claro de cómo nos encontramos en nuestra salud. Si mi relación con Dios no transforma mi actitud hacia la riqueza material, lo más probable es que mi relación sea ficticia. La gracia lo cambia todo, inclusive mi perspectiva económica.


Un mejor tesoro

19 »No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. 20 Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. 21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Mateo 6:19-21

El Reino de los cielos nos ofrece un mejor tesoro: Cristo. Este mundo es perecedero y temporal, todo tesoro que podamos acumular se deteriorará y será destruido. Como buen inversor, el cristiano es aquel que ha puesto su corazón en el tesoro indestructible, aún dispuesto a perder los tesoros terrenales.


El tesoro del Reino de los cielos es uno mejor de lo que nos podamos imaginar. Éste incluye un cuerpo glorificado que no muere, una mente que no es engañada, una existencia plena y, sobre todo, a Dios mismo. Nuestro mayor tesoro es Dios.


Una mejor perspectiva

22 »El ojo es la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz. 23 Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!

Mateo 6:22-23

Sin Cristo, la perspectiva sobre la riqueza material puede destruirnos. Si este mundo es todo lo que hay, la riqueza material es algo deseable. El problema es que el dinero no puede satisfacer el corazón humano. El dinero sin Dios tiene una dinámica destructuva: siempre deseable, nunca satisfactoria.

En el Reino, la riqueza es para satisfacerte y salvar tu vida, sino que es para bendecir a otros. Esta perspectiva es expresada en Cristo mismo. En Él tenemos una riqueza eterna que nos permite ser generosos. Porque Alguien fue generoso conmigo, ahora puedo dar como recibí: generosamente.


¿Cuánto dinero es suficiente? Alguien con $10 diría que $100 son suficientes. Pero una persona con $100, diría que $1,000 bastaría. Un hombre con $1,000 anhela la seguridad de $10,000. Esta es la trampa de la perspectiva de la riqueza material fuera del Reino, pedirle al dinero que nos de algo que no puede dar: salvación.


Un mejor Señor

24 »Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.

Mateo 6:24

Cuando convertimos al dinero en la fuente de nuestra paz, felicidad, esperanza y consuelo, hacemos de la riqueza un ídolo, o dios falso. Al hacer esto nos convertimos en sus esclavos, rindiendo nuestras vidas a sus demandas. Mientras que el dinero demanda sacrificios destruyendo nuestra vida. Jesús ofrece el sacrificio para salvar nuestra vida.


En el Reino, Jesús es el Señor y no hay otro. El dinero no puede reinar sobre el pueblo de Dios. El Evangelio nos ofrece un mejor Señor, uno que si puede dar lo que necesitamos: salvación.


Una mejor prioridad

25 »Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? 26 Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?

28 »¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; 29 sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. 30 Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? 31 Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” 32 Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. 33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 34 Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.

Mateo 6:25-34

El origen de nuestra preocupación por las necesidades básicas de la vida se encuentra en un desorden en las prioridades del corazón. Si mi primer interés es ser tener dinero, siempre viviré en angustia y preocupación. ¿Por qué? Porque mi confianza no estará en en Dios como proveedor. La preocupación por lo material es buen indicador que aún no confiamos en Dios como Padre.

Jesús no nos llama a odiar la riqueza o desinteresarnos de ella, sino a priorizar el Reino de Dios. Entonces el bien material sirve al Reino y no viceversa. El dinero que yo pueda tener le pertenece a mi Rey, sirve al Reino y su justicia.


El cristianismo no promete riqueza terrenal, tampoco la condena, pero si establece una prioridad más grande: El Reino de Dios y su justicia. Todo bien material que podamos administrar debe estar sometido al Reino de Dios. Esto significa que antes que gastar de manera egoísta, podemos gasta reino-centricamente.


¡Gracias por leer!

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