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El Reino Manifiesto (4a parte)

Imagina que estás en la universidad, si te piden un trabajo de 5,000 palabras como un mínimo, ¿Cuántas palabras escribirias? La gran mayoría de nosotros escribiríamos sólo 5,000. Esta es la tendencia humana de nuestro corazón, siempre buscamos el requisito mínimo para obtener un beneficio.

El Evangelio transforma esto, en Cristo el beneficio ya ha sido ganado para nosotros en la cruz. Lo que hacemos, no lo hacemos como un requerimiento básico, sino como la expresión del beneficio que hemos obtenido.

Si en lugar de pedir 5,000 palabras para aprobar una materia, te pidieran hablar sobre un tema o una persona que amas, podrías llegar a escribir un libro entero. No harías el mínimo, porque tu corazón estaría más interesado en transmitir tu pasión que en alcanzar una calificación.

En el Reino es lo mismo, los requerimientos de la Ley son el estandar mínimo de conducta, pero por el amor a Cristo somos libres para vivir con una generosidad de gracia. La Ley no es el techo de mi conducta, sino el suelo en el que me apoyo para saltar a dar gracia.


Si obedezco para obetener un beneficio, soy esclavo de la ley. Pero si obedezco porque he obtenido un beneficio, soy libre de la ley por la gracia. Si mi obediencia es como la primera, obedeceré en lo más indispensable que se me pida, pero si soy libre, puedo actuar más allá de lo que se requiera.


Libertad en la Verdad

33 »También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor.” 34 Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. 37 Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.

En la época de Jesús había una tendencia entre los fariseos de “obedecer” el mandato de no jurar en nombre de Dios (Levitico 19:2) jurando por “cosas menores”, como el cielo, la tierra, Jerusalén, o por uno mismo.

Tristemente, esta práctica se había desvirtuado porque, al tratarse de “cosas menores”, las personas sentían que podían jurar fraudulentamente sin ofender a Dios, pues no lo involucraban en su enagño. Somos tan pecadores que aún desvirtuamos la ley para nuestra conveniencia.

En la libertad del Evangelio, somos libres de la mentira y el enagaño para hablar con integridad. ¿Por qué mentimos? Regularmente lo hacemos para proteger nuestra apariencia ante otros. Pero si el Evangelio nos desnuda y acobija a la vez, somos libres de la necesidad de engañar.

El Evangelio me dice que soy más pecador de lo que me gustaría aceptar, pero soy más amado de lo que puedo llegar a desear. Entonces no tengo que mentir, porque Dios ha hecho pública mi verdadera condición en la cruz, pero también ha cubierto mi desnudez con su gracia. Mi identidad y valor están seguros en Él. Ahora puedo ser integro y hablar la verdad.


No todo lo que no es justicia es injusticia. Si una persona tiene un adeudo conmigo y lo perdono, esto no es injusticia, es gracia. El Evangelio nos libera para vivir más allá de la injustica, e inclusive nos invita, en muchas ocasiones, a vivir más allá de la justica hacia otros. El Evangelio nos trae a vivir en gracia. 


Libertad en la Justicia

38 »Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente.” 39 Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. 40 Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. 41 Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.

La ley de Talión (ojo por ojo) era un llamado a la justicia. Cada ofensa debía ser castigada o retribuída de manera equitativa. En esto no hay pecado, sino justicia. Sin embargo, Jesús nos llama a algo más grande: generosidad y gracia.

Cristo llama a sus seguidores a replicar lo que Él hizo por nosotros. La bofetada en la mejilla derecha, era un símbolo de desprecio. Cristo nos llama a responder con sacrificio dando la otra. En medio de un pleito legal, se podía requerir de prendas como elementos de negociación. Alguien pobre sólo tendría una capa y una camisa quedando totalmente desnudo y humillado. Un soldado romano podía exigir a un civil judío llevar cargamento, Jesús nos llama dar más de lo que se nos exige.

Los cristianos somos las personas más aptas para hacer ésto. Nosotros somos recipientes de generosidad y gracia por parte de Dios. Cristo no actúo con nosotros de acuerdo a la ley del Talión. Al contrario, Él la aplico en mismo por nosotros. Siendo Él el ofendido, no requirió nuestrosojos y dientes“, en la cruz Él dio los suyos por nosotros. Entonces nostros podemos hacer lo mismo con los que nos rodean.


¿Suena incomodo y poco deseable? ¡Lo es! No es natural en nosotros, éste tipo de actitud y comportamiento sacrificial, el cual está dispuesto a renunciar a los derechos por un bien mayor, sólo puede venir del Evangelio. A fin de cuentas, Jesús en la cruz es el ser con más derechos en el universo, renunciando a cada uno de ellos, por pecadores como tú y yo. 


¡Gracias por leer!

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