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El Reino Manifiesto (3a parte)

El Reino tiene implicaciones en todas las áreas de la vida humana. Desde lo íntimo hasta lo más público, incluyendo la vida sexual. El Evangelio nos da una opinión profunda del pecado sexual, una actitud correcta ante éste y una postura firme de la objetividad del pecado sexual.


Desde la perspectiva bíblica, Dios diseñó el sexo como algo bueno (Génesis 1:27). El pecado lo ha distorsionado, motivo por el cual es necesario establecer reglas claras (Éxodo 20:14). Ahora en el Reino de Dios, vivimos bajo una nueva ética sexual.


La profundidad del pecado sexual

27 »Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio.” 28 Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.

Una vez más, Jesús nos señala lo agudo del problema humano. No somos superficialmente pecadores, la realidad es que estamos hondamente dañados por el pecado, y la sexualidad no se escapa de ésta verdad.

El adulterio es tratar a alguien, que no es mi esposa, como si lo fuera. Es traición a ella. Pero en última instancia, es ofensa en contra de Aquel que diseño el matrimonio. Todo pecado es grande, porque es  realizado en contra de un Dios grande.

De acuerdo a la enseñanza cristiana, el adulterio comienza con el corazón. Nadie se levanta un día y adultera de un momento a otro. El adulterio es un proceso que empieza en lo interior del ser y termina en lo físico. Por esto Jesús dice que mirar y desear sexualmente es adulterio en el corazón.

Aunque estrictamente hablando no son lo mismo, ambos son pecados de la misma gravedad. Delante de Dios no tenemos excusa: somos profundamente pecadores.


El cristianismo es difícil para el orgullo humano. Constantemente nos negamos a reconocer nuestra condición bajo el pecado. Preferimos pensar que somos seres buenos que se equivocan. Es duro escuchar que nuestra maldad es profunda. Pero un buen diagnostico no se basa en el efecto emocional que traerá al paciente, sino en la veracidad de su condición. El diagnostico cristiano de tu corazón es que eres más pecador de lo que te gustaría aceptar.


La actitud ante el pecado sexual

29 Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno.

No somos salvos por nuestro grado de pureza sexual, lo somos porque a pesar de no ser puros, fuimos deseados por Dios. Pero ese deseo y amor, nos mueve a no pecar. Él murió por causa de mi maldad, entonces quiero odiar dicha maldad.

La actitud del Reino ante mi pecado sexual es de radical rechazo. El pecado no puede ser solucionado de manera gentil. De hecho, Jesús usó una hipérbole, una exageración para explicar algo. Él no se refería a mutilarse literlamente, pero si a eliminar toda fuente de tentación de manera drástica.


En consejería bíblica hacemos un ejercicio de enlistar las fuentes de tentación. Explicamos que éstas no son el problema en sí, el meollo se encuentra en nuestros corazones, pero eliminar los medios y gatillos de tentación son una práctica sana en el proceso de santificación. 


La objetividad del pecado sexual

31 »Se ha dicho: “El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio.” 32 Pero yo les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también.

La expresión “se ha dicho” se refiere a las enseñanzas, interpretaciones y aplicaciones rabinicas. Los rabinos (maestros) solían hacer comentarios sobre los textos bíblicos del Antiguo Testamento. En cuanto al divorcio habían dos perspectivas fuertes en la época de Jesús.

La primera de ellas decía que el divorcio era obligatorio en caso de infidelidad. La segunda enseñaba que “casí cualquier razón” era válida para la separación. Jesús enseña la perspectiva correcta: el divorcio no es obligatorio ante la infidelidad, y de no ser por ella cualquier separación es adulterio.

El cristianismo enseña que el pecado es un asunto objetivo, es decir, no está sujeto a opiniones o situaciones. Más allá de lo que preferiríamos, no nos corresponde decidir qué es pecado y qué no lo es. Eso es algo que le pertenece a Dios.


El cristianismo cree en verdades absolutas. El relativismo no tiene lugar dentro de la cosmovisión bíblica. De hecho, no encuentra fundamento ni en la lógica misma. Si es cierto que “toda verdad es relativa”, ésta aseveración misma debería ser relativa y dar lugar a que no “toda verdad es relativa”. Por lo tanto, debería de haber verdades absolutas y sería falso que “toda verdad es relativa”. El relativismo es insostenible.


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