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El Reino Manifiesto (2a parte)

El cristianismo es salvación por gracia, no por obediencia a la ley. ¿Entonces la ley queda descartada? No. La Ley tiene tres funciones muy importantes en el Reino.

En primer lugar, la Ley nos muestra el carácter de Dios y nuestro pecado. ¿Quieres saber cómo es Dios? Mira a la Ley. Dios es justo, santo, sin engaño, ni mentira, fiel, sin codicia, ni robo, ni envídia. A través de la Ley podemos conocer el carácter de Dios, porque la Ley es la expresión de su ser moral. (Levitico 11:44)

¿Quieres saber si eres bueno o malo? Mira a la Ley y síguela. Si eres honesto, no tardarás mucho en darte cuenta que, los seres humanos, fallamos ante la Ley. Ella nos muestra nuestra pobre condición. (Romanos 3:20)

En segundo lugar, la Ley tiene una función civil de restringir el mal. Aún cuando ésta no es capaz, en sí misma, de transformar la escencia del ser humano, sí cumple con una función de frenar el mal externo. (Romanos 13:3-4)

En tercer lugar, la Ley tiene un lugar importante dentro del Evangelio y el Reino. La Ley no salva, pero la salvación nos lleva a la ley. La gracia recibida nos capacita para vivir una vida nueva. La obediencia no es la causa de la salvación, pero sí la evidencia de ésta. (Efesios 2:10)

En pocas palabras, la Ley nos muestra la santidad de Dios y nuestro pecado, guiandonos a la gracia en Cristo, capacitandonos a obedecer la Ley, no para salvación sino porque somos salvos.


La religiosidad dice “obedece la Ley y serás bendecido”. La irreligiosidad dice “haz tu propia Ley y serás bendecido”. Ambos casos son una mentira. Nadie logra obdecer perfectamente la Ley y salvarse a sí mismo. De la misma manera en que desechar la ley nos lleva a la perdición. El Evangelio es que Cristo vivio la vida que debiamos de vivir, y murió la muerte que debíamos morir. Él vivio en plena obediencia, nosotros no. Él murió como desobediente para que nosotros no lo hagamos. 


La Ley del Reino

17 »No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. 18 Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. 19 Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. 20 Porque les digo a ustedes, que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley.

Jesús no elimina la Ley, sino que la cumple. Cada uno de los mandamientos fue perfectamente llevado acabo por Jesús. Todas las leyes, de comisión y prohibición, fueron cumplidas de manera plena por Cristo. Él cumplió toda la Ley.

De hecho, la Ley aún sigue siendo la regla de medición ante Dios. Fuera de Cristo, toda persona recibirá el justo pago de sus acciones conforme a la Ley. Ésta es el instrumento de Dios de juicio.

Por esto, Jesús explica a sus discipulos que su justicia debía ser mayor a la de aquellos estudiosos de la Ley. Los fariseos conocían la ley y la vivían, en gran medida aunque incompleta. Y esta justicia mayor se encuentra en Jesús. Cuando una persona se arrepiente de su injusticia y confía en la rectitud de Cristo, la justicia de Jesús le es “imputada“. Es decir, aunque no es parte de mi naturaleza, ante Dios la justicia de Cristo es considerada como mía.

La Ley del Reino es la misma Ley del AT, cumplida por Cristo, instrumento de jucio, e imputada como plena a los creyentes.


Los fariseos, estudiosos en la Ley y muy rectos ante ella, son considerados en muchas ocasiones como viboras (Mateo 23:32-34). ¿Por qué? Porque, a través de su obedicencia pretendían independizarse de Dios. Ellos querían negar la realidad de su pecado, y rechazar la gracia salvífica, a través de cumplir la Ley: “si obedezco no estoy tan mal como otros, no necesito gracia, y me he ganado mi salvación”. Los fariseos se pierden del Reino por su obediencia.


La profundidad de la Ley

21 »Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal.” 22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.

Exegesis es sacar del texto el significado correcto. Eisegesis es introducir en el texto un significado ajeno e incorrecto. La tendencia humana es hacer eisegesis de acuerdo a nuestra conveniencia. Pero Cristo, el autor e interprete perfecto, enseña la profundidad de la Ley.

La Ley no sólo prohibe el asesinato (la palabra hebrea excluye matar en guerra, pena de muerte o en defensa propia), sino que también el enojo pecaminoso y el insulto son dignos del juicio eterno.

No todo enojo es pecaminoso. Una de las características de Dios es su ira ante el pecado. Su enojo es justo en motivación y expresión. Dios se ira ante la injusticia y castiga de manera justa. Si una persona no se indigna ante el abuso de un inocente, lo consideraríamos injusto, lo inverso sería tenído en alta estima.

El enojo es pecaminoso cuando nace por motivos injustos. Cuando me airo porque no se cumplen mis deseos pecaminosos de egoísmo, orgullo y  envídia, mi enojo tiene una motivación pecaminosa.

Además, la ira se considera injusta cuando su expresión es pecaminosa. Puedo enojarme ante una injusticia, lo cual es correcto. Pero mi exteriorización de enojo es pecado cuando actúo indiferente, injusto o para mi propia gloria.


Si la Ley tiene un alcance profundo, nuestra maldad y salvación también son profundas. Nuestra maldad es un problema que va más allá del comportamiento, se extiende hasta lo más profundo del ser interno. Pero de la misma manera, la salvación que ofrece Cristo es igual de profunda. De hecho la Escritura la compara con una operación de transplante de corazón (Ezequiel 36:26).


Las implicaciones de la Ley

23 »Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.

25 »Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo.

Las implicaciones de la Ley son relacionales, eclesiásticas y jurídicas. La Ley del Reino nos lleva a relacionarnos de manera diferente con las personas. Matrimonio, familia, amigos y compañeros son recipientes de las implicaciones de la Ley.

Pero también, la Ley nos lleva a adorar de manera diferente. No puedo vivir en una relación “Dios y yoexcluyendo al resto del mundo. La adoración a Dios no puede separarse de nuestra relación con aquellos que vivo.

Por último, la Ley me lleva a vivir de tal manera que puedo evitar litigaciones jurídicas. Vivir bajo la Ley, no nos asegura sufrir injusticias, pero si evitar y solucionar injusticias de mi parte.


La Ley tiene dos dimensiones: vertical y horizontal (Mateo 22:34-40). La primera implica la relación con Dios, mientras que la segunda concierne a la relación entre humanos. Estas dos dimensiones son diferentes e inseparables. No podemos amar al ser humano como a Dios, ni a Dios como ser humano. Pero tampoco amar a Dios como tal, si no amo al ser humano como a mí mismo, ni viceversa. 


¡Gracias por leer!

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