Tiempo de Lectura: 6 minutos

El Reino Manifiesto (1a parte)

1 Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:

Mateo 5:1-2

Los cristianos no somos salvos por nuestro comportamiento, sino por gracia. Dios no nos llama a un exámen para ser aprobados, sino que nos invita a su hogar como un regalo. La iglesia, más que una sala de espera para una entrevista de trabajo, es una sala de espera de un hospital. La gracia de Dios es aquello que nos hace aceptos ante Él.

El famoso “Sermón del Monte”, no es una lista de requerimientos para ser llamado hijo de Dios, sino un manifiesto de la nueva vida bajo la gracia de Dios. No es una serie de requisitos, sino una descripción de las consecuencias.

El sermón está dirijido a sus principalmente a sus discipulos. Esta no es una invitación a seguirle, sino a vivir la gracia del Reino. Las multitudes oyen como espectadores del Reino manifiesto.


Hay dos formas de vivir, bajo la lógica de la religión o bajo la lógica del evangelio. La religión dice “Yo hago, entonces soy amado”. Ésta se trata de ganarse la bendición a través del desempeño. El Evangelio por otro lado expresa “Yo soy amado, entonces hago”. Desde esta perspectiva, no hago para ganarme la bendición porque ya la tengo. Mis acciones son consecuencia de su gracia, no a la inversa. Esto es el cristianismo


La Dicha del Reino

Esta lista es totalmente contraintuitiva a nuestra lógica humana. ¿Cómo pueden ser dichosos cada una de estas personas? ¿Cómo pueden alégrarse y llenarse de júbilo? Es totalmente ilógico al corazón humano caído.

«Dichosos los pobres en espíritu,

    porque el reino de los cielos les pertenece.

Mateo 5:3

En Cristo, aquellos que su única confianza es Dios y no las riquezas pueden ser plenamente dichosos porque tienen una riqueza eterna. Ellos son co-propietarios del Reino Eterno. Oculto hoy, pero más real que el mundo presente.

Dichosos los que lloran,

    porque serán consolados.

Mateo 5:4

En Cristo, aquellos que se lamentan y sufren, tanto por su pecado como por las consecuencias del pecado de otros, recibirán consolación eterna. En la Eternidad, cada lágrima será un leve recuerdo de la frágil criatura que un día fuimos. Entonces, nada les robará el consuelo y la alegría, porque todo rastro del pecado habrá sido eliminado.

Dichosos los humildes,

    porque recibirán la tierra como herencia.

Mateo 5:5

En Cristo, aquellos que reconoscan su condición delante de Dios y sean humildes, heredarán la tierra. Aquellos que saben que no son nada delante de Dios, y no pueden poner su esperanza en otra cosa más que en su gratuito amor, tendrán todo.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,

    porque serán saciados.

Mateo 5:6

En Cristo, aquellos que desean con desesperación justicia en su persona y para aquellos que sufren, serán satisfechos. Aquellos que ven su gran falta de santidad, lamentandose y anhelandola, recibirán justicia plena. Pero también quienes sufren de la corrupción de este mundo, un día, se les dará plena justicia y cada quién, sin Cristo, recibirá lo que merece.

Dichosos los compasivos,

    porque serán tratados con compasión.

Dichosos los de corazón limpio,

    porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz,

    porque serán llamados hijos de Dios.

Mateo 5:7-9

En Cristo, aquellos que muestran compasión recibirán lo mismo. Y quienes tengan un corazón limpio en la sangre de Cristo, experimentarán la realidad plena de Dios. Los hacedores de paz, con Dios y otros, serán reconcidos como hijos.

10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,

    porque el reino de los cielos les pertenece.

11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.

Mateo 5:10-12

En Cristo, aquellos que pierden su vida por seguirlo a Él, han ganado todo. Morir por causa de Jesús es, como dijo Jim Elliot, “perder aquello que se puede perder, por ganar aquello que nos se puede perder”.

El Reino Manifiesto es totalmente contraintuitivo al corazón humano: en donde la pobreza es riqueza, el llanto es consuelo, la humildad es grandeza, la justicia será saciada, los compasivos son fuertes, los pacificadores herederos, y los perseguidos serán ganadores del Reino.


Si esta vida es todo lo que tienes suena absurdo vivir así pero, si tienes vida Eterna, vivir así tiene lógica. Si mi verdadera vida se encuentra adelante, puedo perder  ésta. Así como un empresario que vende todo lo que tiene, para comprar una empresa mayor, puedo desacerme de todo lo que tengo, con tal de ganar algo mejor.


Dicha que preserva e ilumina

13 »Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. 

14 »Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. 15 Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.

Mateo 5:13-16

La sal y la luz eran elementos muy importantes de la vida diaria en un mundo pre-electricidad. La sal, con sus multiples funciones, preservaba los alimentos en una época sin refrigerador. Y la luz era valiosa antes en una tierra sin bombillas ni alumbrado público.

Los cristianos somos, entonces, aquello que preserva esta tierra. Personas viviendo diariamente de esta manera, en pequeños o grandes eventos, son aquellos que hacen de este mundo un lugar mejor. Personas viviendo el Reino Manifiesto provocan un florecimiento de la ciudad.

Pero también, somos aquellos que, con nuestra conducta y palabras, iluminan al mundo mostrandole la gracia de Dios y el pecado humano. La luz nos muestra la realidad de nuestra condición, y la grandeza de su perdón. Personas que viven de una manera tan contraintuitiva no pasan desapercibidas.


El Reino Manifiesto no es una nueva religión, es una nueva humanidad. El cristianismo no es algo que agregas a tu agenda, es tu agenda misma. La gracia de Dios lo cambia todo: relaciones humanas, vida interior, desafía tu intelecto, emociones y habilidades. La cruz transforma tu vida entera de una manera profunda y revolucionaria. El Reino Manifiesto es Dios gobernando cada área de la vida humana.


¡Gracias por leer!

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