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Tentación

La tentación es una experiencia humana común. Todos experimentamos la oportunidad de hacer algo indebido, inapropiado o no conveniente. Pero cuando la Biblia habla de tentación se refiere siempre, en última instancia, en relación a Dios: faltar a Él como Dios.

Constantemente somos tentados en desconfiar de Dios y su verdad. A lo largo de la Escritura cristiana, muchas personas fueron probadas para traer a la luz la verdad de sus corazones. Y Jesús no es la excepción. El fue tentado por el diablo a desconfiar de su Padre. Jesús supera la prueba, y al hacerlo demuestra quién es, su aptitud y nos invita a seguir sus pasos.


Todos experimentamos tentación y todos, excepto Jesús, caemos en ella. En Cristo, nuestra posición ante Dios no se basa en nuestra habilidad para superar la tentación. Es decir, nuestra relación con Él no es un constante subir y bajar. No. En Cristo, nuestra relación con Dios está bien, no porque yo supere la prueba, sino porque Él la supero por mí. Vencer la tentación es el resultado de una buena relación con Dios a través de Cristo, no la causa de ella.


El Tentador

1 Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. El tentador se le acercó y le propuso:

Mateo 4:1-3

Dios tiene el control sobre todo lo que sucede (Job 42:2Isaías 46:9-10Daniel 4:34-35Efesios 1:11). Inclusive sobre el diablo y el mal (Job 1:6-7). Dios no causa ni aprueba el mal, pero si lo permite y gobierna para bien (Génesis 45:5).

Aunque Dios no causa, ni aprueba la tentación (Santiago 1:13), si la permite y la gobierna con la intención de probar a las personas y traer a evidencia la realidad interna de sus corazones (Mateo 4:1).

El diablo, o tentador, es considerado comúnmente como lo equivalente opuesto a Dios. Pero Satanás no es exactamente esto. Dios no es creado, es omnisciente, omnipresente y omnipotente, mientras Satanás es creado y aunque sabe mucho, no sabe todo, no está en todos lados y no lo puede todo. Satanás es el equivalente opuesto de un ángel que sirve a Dios.

Aunque el diablo es responsable y será juzgado por cada tentación que lleva acabo, Dios está en control, sin ser culpable, aún de la maldad del enemigo, reorientándola para su gloria, sin minimizar la gravedad del pecado. ¡Dios es soberano!


A diferencia de otras perspectivas del mundo, los cristianos no creemos que en el mundo operan dos fuerzas iguales opuestas: el bien y el mal. Más bien, Dios gobierna sobre todo. Él permitió, sin quitar la responsabilidad y el castigo, la entrada del pecado y la maldad en el mundo para mostrarnos su gloria y así, poder conocerlo de una manera que, de otra forma, no lo hubiéramos hecho. El dolor y sufrimiento que experimentamos hoy no es eterno, sino momentáneo, porque el bien gana y ganará al final eternamente.


 Satisfacción inmediata

—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.

Jesús le respondió:

—Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Toda tentación, en el fondo, es una pregunta de identidad y relación con Dios. Satanás comienza con una clausula condicional: “Si eres el Hijo de Dios […]”. Lo que el enemigo pone en duda es la bondad del Padre y la identidad del Hijo.

Más allá del hambre física, el pan, y la satisfacción inmediata, la tentación se encuentra en cuestionar la bondad de la relación con Dios: “Si realmente Dios es tan bueno, y dice ser tu Padre, ¿por qué tienes hambre?”.

La necesidad física es un espacio recurrente de tentación. En medio de crisis material, el enemigo nos tienta cuestionando nuestra identidad y la bondad de Dios: “Eres un perdedor/fracasado”, “Si Dios es tan bueno, ¿por qué permite que pases por esto?”.

Pero Jesús nos muestra como vencer esta tentación. En el corazón de Jesús la Palabra de Dios tiene mayor peso que la palabra de Satanás. Jesús desnuda las mentiras del diablo con la verdad de Dios. La identidad cristiana no se encuentra en las circunstancias, sino en la revelación de Dios. Aún en medio del hambre física mi identidad se encuentra en Cristo, y el carácter de Dios es definido por su Palabra que ilumina mi circunstancia.


Cuando ignoramos las Escrituras dejamos que las circunstancias definan quién es Dios, y quienes somos nosotros. Si sufro, Dios es malo y yo una victima. Si tengo éxito, Dios es bueno y yo recibo lo que meresco. Pero cuando la Biblia son los lentes del corazón, en medio de la paz o de la tormenta, Dios es bueno y yo un pecador siempre recibiendo gracia.


Probar de Dios

Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:

—Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:

“Ordenará que sus ángeles

    te sostengan en sus manos,

    para que no tropieces con piedra alguna.”

—También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —le contestó Jesús.

Una vez más la tentación de fondo se encuentra en la identidad y el carácter de Dios. Detrás de las palabras de Satanás se encuentra una franca y directa confrontación: “Si realmente eres hijo de Dios, y Él verdaderamente te ama…”.

Dios nos llama a probarlo (Malaquias 3:10), pero no a tentarlo (Santiago 1:13). Tentar a Dios es ponerlo en duda, cuestionando su corazón, y buscando que haga el mal. Satanás pretende que Dios encarnado obedezca su palabra de duda, antes que la Palabra de verdad de su Padre. Esto no sucedió, sucede, o sucederá. Dios nunca cae en tentación de Satanás.


Dios no puede ser tentado, y esas son buenas noticias. Como humanos somos tentados constantemente, y las personas que amas son tentadas a traicionarte, usarte y lastimarte. De hecho, en muchas ocasiones caen en la tentación de ser egoístas, envidiosos o maliciosos. Y es entonces, cuando sufrimos las consecuencias de la tentación de otros, de la misma manera en que otros sufren por nuestra maldad. Pero Dios no peca contra nosotros, y esas son buenas noticias. Él siempre es justo y misericordioso.


Camino fácil

De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.

—Todo esto te daré si te postras y me adoras.

10 —¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él.”

11 Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.

Por último, Satanás le ofrece a Jesús un camino fácil. Cristo es Rey del universo y establecerá su Reino eterno. Pero para hacerlo murió en una cruz. El enemigo le propone un camino a la goria sin sacrificio, todo a cambio de adoración.

Esta tentación estápresente en nuestra vida diaria. Constantemente se nos ofrecen caminos fáciles para el éxito, la plenitud y el placer a través de medios prohibidos: egoísmo, mentira, robo, o engaño.

Una vez más, Jesús responde  con la verdad de la Palabra de Dios. Y el diablo lo dejó.


Jesús y Adán tienen mucho en común y de diferente. Adán en un huerto (el Edén) es probado por Dios “Obdedeceme y vivirás”, mientras que Jesús es puesto a prueba en otro huerto (el Getsemaní) “Obedeceme y morirás”. Adán desobedece y, aunque muere en un sentido, vive en otro. Mientras que Jesús obedece y muere. Cristo obedeció y murió para que aquellos que desobedecemos vivamos al confiar en Él.


Luz

12 Cuando Jesús oyó que habían encarcelado a Juan, regresó a Galilea. 13 Partió de Nazaret y se fue a vivir a Capernaúm, que está junto al lago en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para cumplir lo dicho por el profeta Isaías:

15 

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

    camino del mar, al otro lado del Jordán,

    Galilea de los gentiles;

16 

el pueblo que habitaba en la oscuridad

    ha visto una gran luz;

sobre los que vivían en densas tinieblas

    la luz ha resplandecido.»

17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.»

Después de vencer la tentación, Jesús comienza su ministerio. Él es el aprobado por Dios para llevar a cabo la tarea de salvar al pueblo, el cual habitaba en la oscuridad y vivía en densas tinieblas. ¡Él es la luz de salvación!


¡Gracias por leer!

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