Tiempo de lectura: 6 minutos

El Evangelio del Reino

A diferencia de lo que comúnmente se cree, el mensaje del cristianismo no es un “pórtate bien”, “Sé mejor”, “Inténtalo más”, sino un “Arrepiéntete y cree”. Si así fuera, El Evangelio no sería buenas noticias sino malas, porque la realidad es que somos más pecadores de lo que nos gustaría aceptar. Aquel que realmente intenta ser bueno sabe, perfectamente, que es imposible agradar a Dios através de la rectitud propia.

Juan el Bautista, el que anunció por última vez la llegada del Mesías, predicó el Evangelio del Reino anunciando perdón para los pecadores, rechazo a los religiosos y a Cristo crucificado.

Pecadores Perdonados

1 En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. Decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.» Juan era aquel de quien había escrito el profeta Isaías:

«Voz de uno que grita en el desierto:

“Preparen el camino para el Señor,

    háganle sendas derechas.” »

La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello. Llevaba puesto un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Acudía a él la gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán. Cuando confesaban sus pecados, él los bautizaba en el río Jordán.

Mateo 3:1-6

Juan el Bautista era el cumplimiento de la profecía de Isaías (40:3). El profeta había anunciado que el Señor mismo acabaría con el exilio, trayendo a su pueblo de vuelta a casa. Juan es aquel de quien Isaías hablaba, él es la voz en el desierto previa a la llegada del Señor.

El cristianismo señala que el principal problema humano no es relacional, económico o de salud, sino espiritual: somos pecadores. El pecado consiste, no sólo en la desobediencia externa, sino en no tratar a Dios como lo que es: Dios.

La predicación de Juan no era un llamado a “portarse bien” para “estar bien con Dios”, sino al reconocimiento de nuestra insuficiencia moral delante de Él: no lo tomamos en cuenta como Él lo merece.

No somos buenas personas que se equivocan, somos pecadores incapaces de solucionar nuestro problema. ¿Qué esperanza tenemos? Que Dios, por misericordía, nos perdone. Y este perdón por gracia comienza con el reconocimiento de que soy un pecador.


El cristianismo, así como lo fue Jesús, es rechazado constantemente. Una de las razones comunes de dicho rechazo, es el orgullo humano. Nos gusta pensar bien de nosotros mismos, y la fe cristiana no concuerda con nosotros. No estamos un poco mal, sino profundamente perdidos. Te invito a no rechazar la idea cristiana del pecado por razones de orgullo, sería igual que rechazar la idea de que la tierra gira al rededor del sol, y no viceversa, porque no me gusta no ser el centro del sistema solar.


Religiosos Rechazados

Pero al ver que muchos fariseos y saduceos llegaban adonde él estaba bautizando, les advirtió: «¡Camada de víboras! ¿Quién les dijo que podrán escapar del castigo que se acerca? Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento. No piensen que podrán alegar: “Tenemos a Abraham por padre.” Porque les digo que aun de estas piedras Dios es capaz de darle hijos a Abraham. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no produzca buen fruto será cortado y arrojado al fuego.

11 »Yo los bautizo a ustedes con agua para que se arrepientan. Pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, y ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. 12 Tiene el rastrillo en la mano y limpiará su era, recogiendo el trigo en su granero; la paja, en cambio, la quemará con fuego que nunca se apagará.»

Mateo 3:7-12

Los fariseos y los saduceos eran sectas judías. La primera de ellas exaltaba la Ley. Su salvación radicaba en la obediencia a la Ley. Por otro lado, la segunda, enfatizaba al Templo. La esperanza se enfocaba en la asociación religiosa y seguimiento de rituales. Y ambos estaban perdidos.

Juan desenmascara el corazón perdido de los fariseos y saduceos. Éstas personas, que  podían ser consideradas como ejemplares, son denominadas “vívoras”, ¿por qué? porque eran también pecadores incapaces de salvarse a sí mismos.

El problema de ellos, y el de muchos de nosotros, es la dificultad de ver nuestra pecaminosidad cuando se expresa de maneras aceptables. Ellos eran altamente religiosos, un valor por aceptado en su cultura. Sin embargo, su religiosidad provenia y los dirigía al orgullo.

Éstas personas tenían su esperanza en su linaje como “hijos de Abraham”, así como en su propia rectitud. Ante la invitación a arrepentirse y bautizarse, su actitud era de desprecio: si tengo a Abraham como Padre, y soy mejor persona que muchos, no necesito bautizarme, ni arrepentirme. 

Tristemente, su esperanza no está en la misericordia de Dios, sino en su raza y obediencia. Delante de Dios, sólo hay dos caminos: arrepentirse y ser un pecador perdonado, o no hacerlo y ser un religioso rechazado.


“Yo soy bueno” es el lema de muchas personas que son rechazadas por Dios. El problema es el estándar que utilizamos. Si nos comparamos con otros, puedo concluir que soy mejor. Soy mejor que Hitler, mi vecino o mi compañero de trabajo. Pero el verdadero estándar no son ellos, es la Ley de Dios, cuya máxima expresión se encuentra en Jesús. Comparados con Él, no somos buenos.


Cristo Crucificado

13 Un día Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. 14 Pero Juan trató de disuadirlo.

—Yo soy el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? —objetó.

15 —Dejémoslo así por ahora, pues nos conviene cumplir con lo que es justo —le contestó Jesús.

Entonces Juan consintió.

16 Tan pronto como Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y él vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. 17 Y una voz del cielo decía: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.»

Mateo 3:13-17

Si crees que el cristianismo es pesimista, permíteme sugerir que es realista, y gracias a Dios, Cristo no nos abandona a nuestra suerte, sino que nos provee de esperanza. Si sientes el peso de tu maldad tengo buenas noticias para ti. Jesús asumió tu maldad, es decir, Él se hizo responsable de ella.

En la cruz podemos observar a Aquel que es el ser humano perfecto muriendo como pecador. ¿Por qué? Por que Él tomó nuestra maldad. De hecho lo hizo desde el principio de su obra. Jesús se acerca a Juan el Bautista para ser bautizado, pero ¿por qué necesitaría alguien sin pecado arrepentirse? Por nosotros.

Jesús en su bautismo, está asumiendo nuestra maldad como suya. Aunque no es culpable, se hace responsable de ella. Su bautizo es anuncio de que el “Hijo amado”, obedece al Padre en la cruz, al dar su vida por la fuerza del Espíritu.


El Evangelio es que, a pesar de que somos más pecadores de lo que nos gustaría aceptar, en Cristo, al arrepentirnos y creer, somos más amados de lo que podemos llegar a desear.


¡Gracias por leer!

Suscríbete, comenta y comparte este post

¡Seamos amigos en facebook, twitter e instagram!