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Jesús en el Antiguo Testamento

 

El Antiguo y  Nuevo Testamento son una unidad. Los dos tienen como tema central a Cristo. El primero de ellos lo hace a través de sombras y promesas, mientras que el segundo lo hace de manera directa. Jesús está presente, en diferentes grados de claridad, en cada narración del AT.

Mateo quiere dejarnos esto en claro: Jesús es el cumplimiento de muchas promesas, realizadas por cientos de años, a miles de personas, todo registrado en el AT. Su vida está íntimamente conectada con grandes eventos históricos de Israel: la Esclavitud en Egipto, Exilio Babilónico y Espera del Retoño.


¿Está Jesús en el AT? No lo creas porque lo digo yo, créelo porque lo dice Jesús. Después de resucitar, Jesús comenzó a aparecer a varios de sus seguidores. Un par de ellos se encontraban en un viaje de carretera, cuando Cristo aparece a su lado y comienzan a platicar con Él sin que ellos se dieran cuenta de quién era. Durante la plática, Jesús les muestra todo lo que el AT dice sobre Él. Leer Lucas 24:13-35. Si quieres leer más del tema te recomiendo “Predica a Cristo desde toda la Escritura”  o “El misterio revelado” ambos de Edmund Clowney. 


Fin de la Esclavitud

13 Cuando ya se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

14 Así que se levantó cuando todavía era de noche, tomó al niño y a su madre, y partió para Egipto, 15 donde permaneció hasta la muerte de Herodes. De este modo se cumplió lo que el Señor había dicho por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo.»

Mateo 2.13-15

La profecía a la que se refiere Mateo se encuentra en Oseas 11:1. Ésta se refiere a cuando la joven nación de Israel fue liberada de la esclavitud de Egipto por Dios a través de Moisés. Esta profecía habla del amor gratuito de Dios por un pueblo idólatra e infiel a Él. Dicha liberación es sólo una sombra de la verdadera libertad en Cristo.

La verdadera esclavitud es la del pecado. No somos dueños de nuestra vida, sino esclavos de nuestro orgullo, envidia, mentira y vanidad. ¿No? Intenta ser verdaderamente humilde, agradecido, honesto y no ególatra, y entonces verás como éstas cosas controlan nuestra vida. Somos esclavos del pecado, y éste nos destruirá.

El verdadero libertador es Jesús. Moisés fue instrumento de Dios para liberar política, social y económicamente a Israel de Egipto. Pero Jesús es Dios mismo liberándonos de una manera más profunda: espíritualmente. Él nació para liberar a su pueblo de la atadura más profundas del corazón: el pecado.


Jesús, en la cruz, nos libera del pecado de tres maneras. En primer lugar en el pasado, Jesús nos liberó de la consecuencia eterna del pecado, es decir, el infierno. Esto es llamado justificación. En el presente, Él nos libera del poder del pecado sobre nuestra vida. Esto se llama santificación. En el futuro, nos liberará de la presencia misma del pecado. Esto se llama glorificación.


Fin del Exilio

16 Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se enfureció y mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y en sus alrededores, de acuerdo con el tiempo que había averiguado de los sabios. 17 Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías:

18 

«Se oye un grito en Ramá,

    llanto y gran lamentación;

es Raquel, que llora por sus hijos

    y no quiere ser consolada;

    ¡sus hijos ya no existen!»

Mateo 2:16-18

Ante el triste hecho de ésta matanza (entre 20 y 30 bebés), Mateo nos recuerda que Jesús vino a poner fin al verdadero Exilio. La profecía que cita proviene de  Jeremías 31:15. En ésta profecía Dios promete ponerle fin al destierro. Jesús es el cumplimiento de ésta promesa.

El exilio es uno de los temas que atraviesa toda la Biblia. En el principio, nuestros padres fueron desterrados del huerto del Edén. A lo largo de la historia de Israel se les puede ver de camino a la tierra prometida, en la conquista de dicha tierra, en el establecimeinto en ella, pero a causa de su rebelión, también se les ve en el destierro/exilio de ella.

En la época de Jesús, aunque Israel estaba de vuelta en la tierra prometida, el reino aún no había sido restaurado. Hebreos nos explica que la verdadera tierra aún está adelante (Hebreos 11:39-40). Y en Apocalipsis podemos contemplar el regreso al verdadero hogar (Apocalípsis 21:1-4). Cristo viene a poner fin a nuestro destierro de Dios, nos trae de vuelta a casa (Lucas 15:24).


Jesús, en la cruz, nos trae de vuelta a la casa del Padre. En el Edén y por nuestro pecado, la humanidad fue desterrada del paraíso. En la cruz y por su gracia, Jesús fue desterrado del Padre (Mateo 27:46) para que nosotros seamos bienvenidos por Dios. Él tomó nuestro destierro, para que nosotros tomemos un lugar en la mesa.


Fin de la Espera

19 Después de que murió Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José en Egipto 20 y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel, que ya murieron los que amenazaban con quitarle la vida al niño.»

21 Así que se levantó José, tomó al niño y a su madre, y regresó a la tierra de Israel. 22 Pero al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Advertido por Dios en sueños, se retiró al distrito de Galilea, 23 y fue a vivir en un pueblo llamado Nazaret. Con esto se cumplió lo dicho por los profetas: «Lo llamarán nazareno.»

Mateo 2.19-23

Ésta última cita de los profetas no es textual de un pasaje específico. Más bien, Mateo toma todo el panorama narrativo de los profetas, y hace un juego de palabras sobre un tema constante de las profecías: el retoño (Isaías 11:1). En el idioma hebreo, Nazareno y Retoño tienen sonido similar.

La promesa de que un día nacería un hijo de Isaía, quien fue padre de David, es la esperanza del verdadero Rey. Jesús es éste Regente que gobierna sobre su pueblo, derrota a sus enemigos, e instaura un Reino Eterno de paz.

Estos tres temas, la liberación de Egipto, el exilio, y el reinado davidico, son ejes centrales de historia del Antiguo Testamento. Y éstos encuentran sus cumlimiento en una persona: Jesús.


Jesús, en la cruz, es el verdadero Rey. Coronado con espinas y con un letrero que decía “Rey de los Judios”, Él es el verdadero regente que a través de su muerte y resurrección derrota a su enemigo: el pecado. Nos libera para hacer de nosotros una nación nueva. Él un día regresará e inaugurará plenamente su Reino.


¡Gracias por leer!

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