Me has llamado a decir no.

No no a ti, o a otros,

Sino no a mí mismo.

Debo decir no

a mis deseos egoístas,

pensamientos equivocados, y

emociones peligrosas.

Debo decir no

a los valores del mundo,

las tentaciones del pecado, y

mi deseo de control

aquello que sólo Dios puede controlar.

Pero por mí mismo,

tengo muy

poco deseo

o poder

para decir

no.

Por eso me has dado

exactamente lo que necesito.

Es lo único

que puede resolver

mi problema.

Me has dado

tu Espíritu.

Así que, cuando lo necesite.

soy capaz

de decir

no.

Paul David Tripp, New Morning Mercies