Cambio de conducta

El Evangelio es más que un cambio de conducta, es un cambio de corazón. Pero tiene implicaciones prácticas en la conducta diaria. La gracia lo cambia todo, desde la raíz hasta la punta.


No somos salvos por obras, sino por gracia. Entonces, ¿qué lugar tienen las obras en la vida en Cristo? El cambio conducta no es la causa de nuestra salvación, sino la consecuencia de ésta. Obedecemos, no para ser salvos, sino porque ya hemos sido rescatados.

Esta obediencia es mayor. Si pretendemos salvarnos por nuestra obediencia, nuestra rectitud es egocéntrica. Pero si obedecemos por que hemos sido salvados, nuestro comportamiento es teocéntrico. La obediencia en el Evangelio, es la única verdadera obediencia.


Conducta cívica

1 Recuérdales a todos que deben mostrarse obedientes y sumisos ante los gobernantes y las autoridades. Siempre deben estar dispuestos a hacer lo bueno: 2 a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo.

Tito 1:1-2

La enseñanza bíblica, teórica y práctica, es algo que debe ser recordado de manera constante. Basta un segundo para olvidad verdades esenciales en la vida en el Evangelio. Siempre debemos estar dispuestos a recordar y que se nos recuerden la sana enseñanza.

Aunque somos ciudadanos del cielo (Filipenses 3:20), y nuestra vida está escondida en Cristo (Colosenses 3:3), vivimos y adoramos en ciudades terrenales. En las cuales, estamos llamados a ser ciudadanos ejemplares: sumisión a la autoridad y respeto a los conciudadanos.


Como representantes de Cristo, lo encarnamos en nuestra ciudad de dos maneras: en relación a las autoridades y como vecinos. Con las autoridades debemos respetarlas y someternos a ellas, aún cuando son injustas y difíciles. La única circunstancia en la cual no podemos someternos a ellas es en cuando prohiben la predicación del Evangelio (Hechos 5:29-31).

En cuanto a nuestros vecinos de la ciudad, podemos amarlos, respetarlos, buscar la paz de la ciudad. 


La raíz de nuestra nueva conducta

En otro tiempo también nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia y en la envidia. Éramos detestables y nos odiábamos unos a otros.

Tito 3:3

Pablo habla de la condición humana caída. No está describiendo a personas malas fuera del promedio, sino de todo ser humano sin la gracia de Cristo. La realidad de nuestra condición pecaminosa es peor de lo que consideramos. Lo que necesitamos es algo más que un cambio de conducta, necesitamos un cambio de naturaleza. La raíz de nuestra nueva conducta en Cristo no se encuentra en nosotros.


La doctrina bíblica de pecado no nos deja lugar a dudas de nuestra condición, pero esto no significa que los seres humanos sin Cristo sean incapaces de realizar bondad externa. Lo que sí significa es que, sin la gracia de Dios, somos incapaces de realizar la verdadera bondad que nace de la adoración a Dios.


Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Así lo hizo para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos que abrigan la esperanza de recibir la vida eterna.

Tito 3:4-7

En medio de nuestra condición pecaminosa, Dios manifiesta su gracia salvífica. El Evangelio no es un llamado a esforzarse más, sino a abandonar todo intento de ser salvo por nuestras obras y abrazar la misericordia divina. No somos salvos por obediencia, obedecemos porque hemos sido salvados. La raíz de nuestra nueva conducta se encuentra en su gracia.


La conducta que nace del evangelio es la verdadera obediencia. Fuera de su gracia obedecemos por conveniencia, ya sea por orgullo o miedo. Sin la cruz obedeceré para ser superior o no perder aquello que amo. Pero en la cruz fue desmotado que no soy superior, y que no puedo perder a Aquel que me amó. Entonces soy libre para obedecer realmente por amor a Dios, no para ser salvo, sino porque ya lo soy.


Este mensaje es digno de confianza, y quiero que lo recalques, para que los que han creído en Dios se empeñen en hacer buenas obras. Esto es excelente y provechoso para todos.

Tito 3:8

El entendimiento correcto del Evangelio nos lleva a vivir en verdadera obediencia. Como decía Lutero “Somos salvos por fe, pero no por una fe solitaria”. La verdadera fe resulta en obras. Como pastores debemos recalcar el Evangelio para que la iglesia crezca en buenas obras.


Muchos temen predicar la gracia por temor a provocar libertinaje. “Si hay gracia, no importa como viva”, claramente este es una de las grandes mentiras de Satanás. Si no predicamos la gracia, predicamos salvación por obras, privamos a las personas del sacrificio de Jesús, y hacemos de las personas demonios con buenos modales. La correcta predicación de la gracia no provoca libertinaje, sino libertad.


Continuará…