Jesús sólo tiene un pueblo. Hoy ese pueblo se expresa en una diversidad de grupos, denominaciones y corrientes. Sería una torpeza de nuestra parte pensar que mi tribu teológica es la verdadera y exclusiva. Ya sea que hablemos de presbiterianos y bautistas, o calvinistas y arminianos, es más grande lo que nos une, que aquello que nos separa.

No sólo deberíamos tener una actitud de tolerancia, sino un honesto deseo de escuchar y aprender de los otros. Con la Biblia al frente, podemos aprender mucho de ortodoxia (doctrina sana), ortopraxis (actos sanos) y ortopathia (afectos sanos) de aquellos que no piensan igual que nosotros en cuestiones periféricas. Es una triste actitud, sentimiento y mentira hacer que las diferencias secundarias sean más grandes que la unidad en Cristo.

Scott Sauls expresa muy bien la realidad que no seríamos lo que somos, sin la influencia de aquellos que difieren de nosotros:

No sé qué sería de mí sin la influencia de otros que ven algunos puntos no esenciales de diferente forma como yo lo veo. Necesito la sabiduría, razonamiento y apologética de C. S. Lewis, aunque algunos de sus convicciones teológicas son diferentes a las mías. Necesito la predicación y carisma de Charles Spurgeon, aunque su perspectiva del bautismo es diferente de la mía. Necesito la óptica de N. T. Wright en cuanto a la resurrección y la teología de Jonathan Edwards aunque su opinión sobre el gobierno de la iglesia son diferentes al mío. Necesito la pasión y el valor profético de Martin Luther King Jr., la inteligencia cultural de Song-Chan Rah, y las Confesiones de San Agustín, aunque su origen étnico son diferentes del mío. Necesito el impulso por la justicia y la pasión por la comunidad de Dietrich Bonhoeffer, aunque su nacionalidad es diferentes a la mía. Necesito de la sed espiritual la unidad en amor de Brennan Manning y el ingenio profético de G. K. Chesterton, aunque ambos son Católicos Romanos y yo soy un Protestante. Necesito los himnos y la santidad personal de John y Charles Wesley, aunque algunos de sus distintivos teológicos difieren de los míos. Necesito la gloriosa debilidad de Joni Eareckson Tada, la espiritualidad de Marva Dawn, y la perseverancia en fe de Elisabeth Elliot, el espíritu de sufrimiento de Amy Carmichael, la transparencia de Rebekah Lyons, la gratitud de Ann Voskamp, la visión de Reino de Amy sherman, y la integridad de Patti Sauls, aunque su género es diferente del mío.

Scott Sauls


Original: Jesus outside the lines. Traducción Eduardo Escobar