1. Soy más pecador de lo que pensaba: estar en una profunda intimidad con otro pecador 24/7 trae a sus dimensiones correctas aquellas cosas (egoísmo, orgullo, autosuficiencia) que considero pequeñas y que oculto debajo de la alfombra.

2. Soy más débil de lo que pensaba: el matrimonio puede ser un programa intensivo en el gimnasio de la santidad: ayuda a ejercitar el amor sacrificial, la paciencia, el perdón y disminuye el egoísmo, el orgullo y la inmadurez. Lo que me hace ver que no tenía la excelente condición que creía tener y me lo que me falta por recorrer.

3. Soy más capaz de lo que pensaba: enfrentar la vida, asumir responsabilidades, hacer contratos, tomar una deuda, hacer una despensa, considerar la salud, de manera independiente a los padres, no sólo pensando en mí, sino considerando a mi esposa y nuestro bien común me ha hecho ver que puedo hacer cosas que nunca creí hacer.

4. Soy más dependiente de lo que pensaba: tratar de llevar un matrimonio en tus fuerzas es de lo más frustrante. Me he dado cuenta de que dependo totalmente de Dios en mi rol de esposo, por lo que lo busco con mayor intensidad.